Un poco de mi historia

Bienvenid@ si estás buscando respuestas, o si ya te diste cuenta de que las respuestas estaban en vos, pero necesitás un espejo distinto para verlas.  


No nací coach ni terapeuta, me fui haciendo a fuerza de heridas, preguntas y caminos recorridos. Sobreviví a un diagnóstico que me sacudió el alma, y ese día supe que el tiempo es mi mayor tesoro. Desde entonces, no espero: elijo, actúo, creo, transformo.

Acompaño procesos de transformación porque yo misma me transformé. Soy guía porque fui caminante perdida. Trabajo con el dolor, la historia familiar, las lealtades invisibles, porque sé lo que es cargar con lo que no es mío. Me especializo en ayudar a otros a soltar lo heredado, para que florezca lo esencial: su verdad.

No tengo la vida resuelta. Lo que tengo es herramientas para no hundirme cuando todo tiembla.

No creo en fórmulas mágicas, creo en el coraje.
No prometo soluciones rápidas, ofrezco presencia, mirada y conciencia.
No acompaño desde la teoría, sino desde la vida.
Y sí, también tengo sueños nuevos por nacer, heridas en proceso y días de caos.

Abrazo lo humano, lo imperfecto, lo sagrado de cada historia.
Creo en el amor como camino, en la conciencia como revolución y en el cuerpo como mapa.

A veces tengo miedo de no llegar, y otras de llegar y que no haya nadie esperándome. Aun así, sigo.

Un secreto, ya no tan secreto, sobre mí...

Durante años, me pasé la vida "haciendo cosas importantes" para no tener que sentir lo que me dolía. Me ocupaba tanto de los demás, de "sanar el árbol", de estudiar más, de dar, dar, dar… que me olvidé de mí.

Un día entendí que no podía acompañar a nadie más profundo de lo que yo estaba dispuesta a ir conmigo misma.

Ese día no hice una constelación.
Hice las valijas.
Y empecé de nuevo. 
Con miedo. Con deseo. Con fe.

No me iluminé. Me desarmé. 

Y eso fue mucho mejor.